Cronopios Tomados
Drawing on paper / Dibujo sobre papel
En el verano volví a reírme con las Historias de Cronopios y de Famas de Julio Cortázar. Me gusta la espontaneidad con la que escribe y además los textos son muy breves, como si estuvieran pensados para ser leídos en 2026, donde el poder de concentración de la gente es cada vez más limitado a Instagram Stories.
Siempre me dio ansiedad todo lo relacionado al mundo de la literatura. Las enormes librerías con paredes hechas de libros, con tantas letras, posibles combinaciones, olores, silencios, mensajes sugestivos, ocultos, alfombras rojas, covid flotando en el aire y en algunos casos hasta te venden Coca-Cola. Es el acto de elegir un libro entre tantos y comenzar a leerlo sin saber cómo va a terminar lo que me paraliza. ¿Entenderé lo que el escritor quiso comunicar? ¿O lo interpretaré a mi manera y eso es justamente lo que el escritor quiere que suceda? Estas son algunas preguntas que brotan mientras entro al Ateneo de la Av. Santa Fe y pienso si es mejor subir por la escalera, para liberar estrés, o ir por el colapsado ascensor lleno de humanos para aumentarlo. Elijo la escalera y vuelvo a tratar de resolver el aluvión de posible información a mi alcance que es yacer en una librería.
Es un desafío invertir varios días leyendo un libro, o mejor dicho dejando filtrar el mensaje de un otro a mi mundo, para finalmente comprender que no era algo agradable, o sí. Es como invertir en la bolsa o comprar dólar crypto, puede subir o bajar o lateralizar. Todo es energía y si me como una flor me quiero asegurar de que esté en buenas condiciones para mi organismo, ¿o no? No entiendo qué diferencia hay entre eso y devorarme un libro. Pero bueno volviendo al tema de la librería y el desafío de habitarlas, fui, con el correr del tiempo, madurando y guiándome por mi instinto hasta entender cuáles libros eran compatibles con mi sistema operativo mental. Fue así que aquel día en el Ateneo caminé lentamente hacia un rincón a encontrarme con este librito de Julio Cortázar que me estaba esperando desde el día 30 de septiembre del año 1966. Entonces lo agarré y el título me llamó mucho la atención ya que no entendía quiénes eran estos personajes, “Los Famas” y “Los Cronopios”, y de qué tratarían sus historias. Así que sin pensar más en nada abrí aleatoriamente el libro y leí “Instrucciones para dar cuerda a un reloj” y luego “El baile de los famas”, y luego empecé a reírme en la mitad de la librería y al mismo tiempo olvidarme de toda la nube gris que les estaba contando párrafos antes. Ahí mismo sentí el impulso y comprendí que yo y ese libro podíamos tener una relación saludable. Fui a la caja y lo pagué con QR de Mercado Pago sin preguntarle el precio y me fui a mi casa sintiéndome un verdadero lector de culto, alguien respetable... un intelectual fuera de época.
Hoy me inspiré en algunos de sus escritos para ilustrar lo que Julio Cortázar describió en una entrevista del año 1977 acerca de sus propios personajes llamados Cronopios, esos seres indefinibles, verdes, erizados, húmedos objetos, una especie de globos flotando amigablemente eran cronopios, cronopios, cronopios...
Flor y Cronopio
Pencil on paper
11x9cm
Un Cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar, pero piensa que es una crueldad inútil y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume, y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz. La flor piensa: “Es como una flor”.
— Julio Cortázar, Historias de cronopios y de famas (1962)
Pencil on paper
13x13cm
Un Cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.
— Julio Cortázar, Historias de cronopios y de famas (1962)
Pencil on paper
24x21cm
Una Esperanza se hizo una casa y le puso una baldosa que decía: Bienvenidos los que llegan a este hogar.
Un Fama se hizo una casa y no le puso mayormente baldosas.
Un Cronopio se hizo una casa y siguiendo la costumbre puso en el porche diversas baldosas que compró o hizo fabricar. Las baldosas estaban colocadas de manera que se las pudiera leer en orden. La primera decía: Bienvenidos los que llegan a este hogar. La segunda decía: La casa es chica pero el corazón es grnade. La tercera decía: La presencia del huésped es suave como el césped. La cuerta decía: Somos pobres de verdad, pero no de voluntad. La quinta decía: Este cartel anula todos los anteriores. Rajá, perro.
— Julio Cortázar, Historias de cronopios y de famas (1962)
Pencil on paper
15x23cm
Un Cronopio que anda por el desierto se encuentra con un león, y tiene lugar el diálogo siguiente:
León.- Te como.
Cronopio (afligidísimo pero con dignidad).- Y bueno.
León.- Ah, eso no. Nada de mártires conmigo. Echate a llorar, o lucha, una de dos. Así no te puedo comer. Vamos, estoy esperando, ¿No dices nada?
El Cronopio no dice nada, y el León está preplejo, hasta que le viene una idea.
León.- Menos mal que tengo una espina en la mano izquierda que me fastidia mucho. Sacámela y te perdonaré.
El Cronopio le saca la espina y el León se va, gruñendo de mala gana.
León:- Gracias, Andrócles.
— Julio Cortázar, Historias de cronopios y de famas (1962)